El operador del principal hub aéreo de América Latina, con más de 35 millones de pasajeros al año
En los pasillos de un aeropuerto internacional el tiempo no se detiene. El flujo de carros de equipaje, montacargas y vehículos de servicio es constante, muchas veces violento contra las paredes. OPAIN, el concesionario que administra El Dorado —hoy reconocido como el mejor aeropuerto de Sudamérica por Skytrax por séptima vez— lo sabía bien: los muros de los pasillos de tráfico pesado y los puertos de suministros se laceraban continuamente. Los acrílicos protectores que se instalaban como solución tampoco duraban: se rompían, se rayaban, y su reemplazo implicaba cerrar pasillos vitales, interrumpir operaciones y asumir costos que se repetían sin fin.
Era un gasto invisible pero constante. Uno de esos dolores que simplemente se aprende a aguantar porque nadie ha traído una alternativa real. La conversación que lo cambiaría todo no ocurrió en una sala de juntas: ocurrió en un desayuno. Alguien del equipo de OPAIN mencionó el problema casi de paso. Gescol escuchó. El departamento de arquitectura del aeropuerto los citó, y lo que siguió fue una prueba de seis meses con un kit de recubrimientos de pared fabricados a partir de polímeros recuperados del calzado industrial.
El material absorbía impactos, no requería mantenimiento frecuente, y cuando eventualmente necesitara reemplazo, podría volver al ciclo productivo de Gescol. La negociación se cerró después del periodo de prueba. El aeropuerto que le habla al mundo de Colombia en sostenibilidad —con certificación LEED Zero Energy y flota 100% eléctrica en plataforma— ahora también protege sus muros con materiales de segunda vida.