GIZ — Cooperación Alemana en Colombia

Descripción

Agencia del gobierno federal alemán para cooperación técnica. Opera en más de 120 países con el mandato de impulsar el desarrollo sostenible

La GIZ no llega a Colombia a hacer negocios. Llega a identificar desafíos sistémicos y a articular capacidades locales para resolverlos. Esa distinción es clave para entender por qué un proyecto con GIZ no se parece a un contrato de consultoría ni a una donación: se parece más a una apuesta. Alguien con visión global identifica un problema concreto y busca, en el terreno, a quien tenga la tecnología y la voluntad de resolverlo.

En su trabajo con el sector de la moda circular y las dotaciones textiles en Colombia, uno de los desafíos que emergió con fuerza fue el desperdicio de uniformes corporativos e industriales, elementos de protección personal y dotación textil en general. Prendas que salen del ciclo de uso sin haber terminado realmente su vida útil. Materiales técnicos que el sistema convencional de gestión de residuos textiles no sabe procesar. Un volumen creciente de desechos para los que, simplemente, no existe una respuesta eficiente. No es un problema de imagen. Es un problema de infraestructura: hay materiales sin destino, y eso es exactamente el tipo de grieta donde Gescol opera.


Para ese reto, GIZ buscó a Gescol. No a una empresa de reciclaje convencional, sino a quien ya había demostrado que los materiales de difícil circularidad pueden tener una segunda vida con propiedades técnicas reales. El piloto fue exigente: recuperar 60 kilos de material textil, equivalentes a 150 uniformes, con un proceso riguroso que incluyó la identificación del material, el análisis de sus características de procesamiento y el desarrollo de láminas textiles rígidas a partir de las prendas recuperadas. Sesenta kilos puede sonar a poco, pero en un piloto controlado cada kilo es una unidad de evidencia técnica: una variable que se mide, se documenta y se convierte en protocolo replicable.


Lo que parecía un piloto sobre uniformes terminó siendo otra cosa: una expansión de tesis. Hasta entonces, Gescol había construido su capacidad técnica alrededor de los polímeros del sector calzado —EVA, poliuretano, suelas, retales. El trabajo con GIZ obligó a la empresa a abrir su enfoque hacia residuos textiles, dotación corporativa y elementos de protección personal: materiales con composiciones distintas, retos técnicos propios y mercados aún sin atender. Esa expansión fortaleció capacidades para clasificar, valorizar y desarrollar pilotos en una gama mucho más amplia de materiales de difícil circularidad, y dejó instalada una pregunta que ahora orienta el desarrollo de la empresa: ¿qué pasa cuando lo que se construyó para un sector funciona, con ajustes, para todo un universo de residuos industriales?


La razón por la que GIZ eligió a Gescol es también la razón por la que este caso importa más allá de sus números. GIZ buscó un referente latinoamericano de recuperación de materiales, alguien que no solo tuviera la visión sino la tecnología para materializarla. Que una agencia del gobierno alemán, con décadas de experiencia global en economía circular, haya encontrado ese referente en una startup colombiana fundada apenas en 2019, dice algo sobre el alcance de lo que Gescol está construyendo. Dice algo, también, sobre dónde puede emerger la innovación circular cuando hay quien sepa buscarla.