Premios Innovadores — Cámara de Comercio de Bucaramanga

Premios Innovadores — Cámara de Comercio de Bucaramanga

Hay empresas que esperan años para recibir su primer reconocimiento formal. Gescol no tuvo que esperar tanto. Con apenas meses de existencia, en el año en que todavía estaban definiendo sus procesos, validando su tecnología y construyendo sus primeras relaciones comerciales, la Cámara de Comercio de Bucaramanga les entregó el premio más importante del ecosistema empresarial santandereano: los Premios Innovadores, en la categoría de Economía Circular y Materiales Innovadores.

Para entender por qué este reconocimiento importa, hay que entender de dónde viene Gescol. La empresa nació en Bucaramanga —no por casualidad, sino por lógica geográfica e industrial. Santander es una de las regiones con mayor concentración de empresas de calzado en Colombia, lo que significa que también es una de las regiones con mayor generación de residuos poliméricos del sector. Las suelas defectuosas, los retales de EVA, los excedentes de poliuretano: todo ese material terminaba, en el mejor de los casos, en un proceso de reciclaje convencional que no sabía qué hacer con él, y en el peor, en un relleno sanitario. Gescol nació exactamente ahí: en la grieta entre lo que la industria produce y lo que el sistema de gestión de residuos puede absorber.

Lo que el jurado de los Premios Innovadores reconoció no fue únicamente un producto o una tecnología —fue una lógica de negocio que resultaba, a primera vista, contradictoria: ¿cómo puede un residuo que nadie quiere convertirse en la materia prima de algo que el mercado sí necesita? La respuesta de Gescol era elegante en su simplicidad: mediante reciclaje mecánico y químico de polímeros de difícil circularidad, transformándolos en paneles aislantes para la construcción con propiedades técnicas reales y verificables. No era filantropía ambiental. Era ingeniería aplicada con modelo de negocio.

El primer reconocimiento no le dijo a Gescol que era buena. Le dijo que era viable. Y esa es la diferencia que mueve a una startup en su año cero.

En el ecosistema emprendedor, los reconocimientos tempranos cumplen una función que va más allá del capital simbólico. Le señalan al mercado —proveedores, clientes potenciales, inversionistas ángel— que alguien más ya evaluó la propuesta y la encontró sólida. En el caso de Gescol, ganar los Premios Innovadores en 2019 fue también el primer argumento de credibilidad que llevaron a cada reunión comercial que siguió. Antes de tener un portafolio robusto de clientes, antes de tener certificaciones internacionales, antes de pisar escenarios en Alemania o Ámsterdam, tenían este: la validación del ecosistema empresarial donde nacieron.

Hay algo más en este capítulo que merece nombrarse. Ganar en la categoría de Economía Circular en Bucaramanga en 2019 no era lo mismo que ganar en Bogotá. En la capital, el discurso de sostenibilidad ya tenía tracción mediática y cierto glamour corporativo. En Santander, ganarse el respeto del sector empresarial significaba convencer a industriales prácticos, acostumbrados a medir las cosas por su utilidad concreta. Que Gescol lo lograra en ese contexto —y no en uno más receptivo por defecto— dice algo sobre la solidez real de su propuesta desde el principio.

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